Posteado por: Rosa | 30 junio, 2017

Déixame que che conte…

Resultado de imagen de refugiados sirios

 

Déixame que che conte…

(Memorias dun refuxiad@)

 

Entre a vida e a morte camiño  

onde a luz coas tebras batalla; 

a liberdade, un arame de espiño,

a lama e a fame a miña mortalla.

 

Nesta brétema onde nada adiviño

o amor é só sal e rocalla

anubrando  o rostro veciño;

ollos sen folgos, pétrea muralla.

 

Así, sen máis, zozobra a miña vida

entre o frío dos ósos e da alma;

entre abusos, maltrato e fuxida

dunha guerra que me puxo esta enxalma.

 

Sen futuro, sen acougo, sen saída,

¿Quén me tende a sua man, quén me ensalma        

a supurante e fonda ferida

deste corazón que xa perdeu a calma.?

 

Se ante o amor ti e máis eu somos iguais

¿Por qué, meu irmán, ti non me axudas?

vin morrer afogados os meus pais

e as fauces da morte son teimudas.

 

Vexo o corvo da tristura  nos demais,

coas suas ás mouras e miúdas,

pousado coma a noite, e quizais,

son as suas ansias moi rabudas.

 

Xa me vou, paseniño, paseniño,

sen a espranza de voltar a miña terra.

¡Mira alí , xa  finou outro meniño!

que Alá o agarime…¡Maldita guerra!

 

Rosa María Lorenzo
(30/6/17)
                                  (Adicada a tódol@s refuxiad@s)

 ……………………………………………….

 

Déjame que te cuente…

(Memorias de un refugiad@)

 

 Entre la vida y la muerte camino

donde la luz con las tinieblas batalla;

la libertad, un alambre de espino,

el barro y el hambre son mi mortaja.

 

En esta bruma donde nada adivino

el amor es sólo sal y rocalla

obnubilando el rostro vecino;

ojos sin ánimo, pétrea muralla.

 

Así, sin más, zozobra mi vida

entre el frío de los huesos y del alma;

entre abusos, maltrato y huida

de una guerra que me puso esta albarda.

 

Sin futuro, sin descanso, sin salida,

¿Quién me tiende una mano, quién me cura

la purulenta y honda herida

de este corazón que ya perdió la calma.?

 

Si ante el amor tú y yo somos iguales,

¿Por qué, hermano, tú no me ayudas?

vi morir ahogados a mis padres

y las fauces de la muerte son obstinadas.

 

Observo el cuervo de la tristeza en los demás,

con sus alas negras y pequeñas,

posado como la noche, y quizás,

con sus ansias más aviesas.

 

Ya me voy despacito, despacito,

sin la esperanza de volver a mi tierra.

¡Mira allí, ya murió otro pequeño!

que Alá lo acoja… ¡Maldita guerra.!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: