Posteado por: Rosa | 31 enero, 2016

El llanto del jilguero (Limericks)

EL Limerick

Es un poema jocoso que consiste en cinco versos que riman AAbbA.
En castellano los versos suelen ser endecasílabos los dos primeros y el quinto y  heptasílabos el tercero y el cuarto.
Su origen exacto es desconocido, aunque se apunta la posibilidad de que proceda de un canto en verso propio de las fiestas folclóricas irlandesas del siglo XVIII.
Fue popularizado por Edward Lear (1812-88), en “Book of Nonsense”, en 1846.
Desde entonces ha sido cultivado por autores de reconocido prestigio como Lewis Carroll, Mark Twain, James Joyce o Thomas S. Eliot, desarrollando líneas temáticas que van más allá de lo jocoso (cultos, eróticos, etc.), y extendiéndose a otros idiomas.
En Argentina, la escritora María Elena Walsh basó en 42 limericks su libro infantil “Zoo Loco” (1964).

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El llanto del jilguero

(fábula)

Un jilguero cantando en la floresta
sonsonetes de enojo y de protesta,
se topa con la urraca
que con voz de carraca
demanda su silencio pues ¡apesta!

Y el jilguero con fama de “enterado”
se ríe de su oído vulnerado:
¡vete, urraca tontuna
terca como ninguna!
(le soltó a quemarropa, ya cansado)

Parándose el pequeño colibrí,
pregunta a que se debe el frenesí
de sus tórridas quejas
tupidas como guedejas
que el viento desperdiga por ahí.

El cuco y el gorrión, que no se enteran,
presiden los corrillos que prosperan
a la sombra de un pino
entre un gran torbellino
de voces atipladas que ponderan.

Hastiado del tumulto cacofónico,
el jilguero desiste en su sinfónico
y acalla su dolor
con mudo resquemor:
¡clamar en el desierto suena irónico!

Zaherido su canto reverente,
al verlo en actitud tan deprimente,
Panchita la corneja,
tan sabia como vieja,
le exhorta a que difunda lo que siente.

La noche en su camino sigue al día
testigo de mi amarga melodía;
pero nadie me escucha
sumido en esta lucha
por la pena que ahoga el alma mía.

Mas todos se pronuncian sin saber
del duelo en este triste acontecer
que invade mi existencia
igual que una sentencia
burlando la bonanza del ayer.

Mi amada, la razón de mi existir,
en vano se ha tenido que morir;
un rudo cazador
la abate sin pudor
haciendo de mi vida un “sin vivir”

Don búho que escuchaba muy atento,
consciente de su aciago descontento,
sonríe con dulzura
palpando la amargura
y el hosco frenesí del desaliento.

No sufras más, pequeño pintadillo,
prosigue modulando tu estribillo,
porque esa es tu razón
sin otro parangón:
¡al ciego has de servir de lazarillo!

Mis ojos en la noche pueden ver;
la bruna oscuridad saben leer.
el necio ser humano
de hecho, nuestro hermano,
se ríe de la Vida y su Saber.

Se cuentan las especies por millares
poblando cielo y tierra con sus mares
y el hombre las domina
tiñendo, con su inquina,
de sangre la virtud de sus altares.

Rosa María Lorenzo
(31/1/16)

 

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