Posteado por: Rosa | 16 febrero, 2015

Solitud (Corona de Sonetos)

La corona de sonetos es una joya de la poesía italiana que se incorpora a la literatura española gracias a los escritores del Renacimiento.

La estructura, difícil, se convierte en un desafío para el poeta.

Se compone de 15 sonetos, recibiendo el último el nombre de “madre”.

El último verso del primer soneto es el primero del segundo, el último del segundo es el primero del tercero, y así sucesivamente.

El primer verso del primer soneto concluye siendo el último del decimocuarto soneto.

El decimoquinto soneto (soneto madre) se compone del primer verso de cada uno de los catorce sonetos precedentes.

Solitud

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Solitud
(Corona de sonetos)

Soneto (1)

Votiva soledad del caminante,
Un guiño en el confín de las estrellas
promulga disolver de entre tus huellas
el vómito de un mundo intemperante.

Pretendes redimir en un instante
las ínfulas del hado, sus querellas;
dragones, caballeros y doncellas
reviven en tu cota de diamante.

Esbozos de liturgia reprimida,
efluvios del pasado, las Cruzadas,
sucumben a tu prez enardecida.

Y siendo tus defensas asediadas,
hallábate la lid desguarnecida,
¡desnuda de quimeras enlatadas!

Soneto(2)

Desnuda de quimeras enlatadas,
el alma reverente te desposa
solícita, expectante, silenciosa,
ajena a baladíes mascaradas.

Las mieles del saber tan anheladas
procuran tu presencia misteriosa;
seducen sus espinas a tu rosa
pues yacen, sin su odor, desangeladas.

Perenne solitud del que deniega
con ansia el mundanal esparcimiento
sin ánimo de verse en su refriega

y elige distracciones recatadas
que brindan sustancial conocimiento
refugio de emociones desatadas.

Soneto(3)

Refugio de emociones desatadas,
me envuelves en tu túnica de armiño
meciendo mi agonía con cariño,
sanando las lesiones arraigadas.

Partícipe en las cumbres coronadas,
custodias la inocencia de aquel niño
ausente de malicia, ¡tan Lampiño!
volcado con su “todo” en otras “nadas”.

Nacida en el ensueño de este mundo,
el alma ya despierta y anhelante,
abjura de su pálpito iracundo.

Prefiere tu solícito talante
sabiendo que en tu diálogo profundo
eludes la locura circundante.

Soneto(4)

Eludes la locura circundante
brindando cual crisálida el calor
del vientre maternal que con amor
acoge el desamparo del infante.

En medio de un quehacer tan estresante,
silente en tu magnánimo sopor,
conjuras el horrísono fragor
del orbe y su memez exasperante.

Difícil la epopeya del rapsoda
trovando con su lira como Dante
los versos que fulguran en tu oda.

Por mucho que la plebe se quebrante,
el halo de tu luz les incomoda,
¡conminas al saber cual hierofante!

Soneto (5)

Conminas al saber cual hierofante
mistérico a tenor de su tonsura;
mostrando la verdad sin desmesura,
venciendo la altivez del ignorante.

Si ciñen un sudario en tu montante
y vuelcan su repudio en tu apostura,
el miedo en su vertiente más oscura
les niega la virtud de tu semblante.

Perfilas el camino de los sabios
sin orlas ni prebendas alienadas,
ni lloros que rezumen de sus labios.

Intento percibir en sus pisadas,
del numen de la Aurora, los resabios,
firmeza y equidad por ti gestadas.

Soneto (6)

Firmeza y equidad por ti gestadas
humillan los vaivenes de los necios,
el lustre baladí de sus aprecios,
la densa vacuidad de sus charadas.

Alzando afirmaciones enquistadas,
la idiocia, la maldad y sus desprecios
ofrecen su inmundicia a bajos precios
dejando tus alburas enlutadas.

¿Por qué para los torpes mentecatos
serán tus claridades tan odiadas
que evitan someterse a tus recatos?

Obtusos de meninges ofuscadas,
lebreles con su turba de insensatos,
embisten las diabólicas mesnadas.

Soneto (7)

Embisten las diabólicas mesnadas
sedientas de la linfa que supura
la núbil desnudez de tu figura,
la fresca pulcritud de tus almohadas.

Perdida en las azules madrugadas
te busco, soledad, con la premura
del ciervo que se envuelve en la espesura
tratando de ocultarse a las miradas.

Mas hállome en un páramo desierto
sumida en un morir beligerante
buscando “desfacer” algún entuerto.

Quijote enflaquecido e intemperante,
rechazo los solemnes desaciertos
que pueblan la razón del ignorante.

 

Soneto (8)

Que pueblan la razón del ignorante
e incrustan su desidia en el entorno
mostrándola en sus actos cual adorno
indigno, contumaz, desconcertante.

Por ello me retiro en este instante;
tu tálamo celebra mi retorno
haciéndome olvidar este bochorno
de vida desertora y alienante.

Inmersa en un ambiguo claroscuro
de luces y de sombras de mentira,
me entrego a un soliloquio de futuro.

Y mientras la vorágine delira
tañendo en arrebato prematuro,
la bruma del destino se retira.

Soneto (9)

La bruma del destino se retira
postrando sus misterios a tus pies
pues eres, solitud, como la mies
saciando la ansiedad del que suspira.

Apáganse los ecos de la ira
tornando lo valiente en lo cortés;
olvídome del “antes” y el “después”
efecto del cristal con que se mira.

¡Inútil maldecir o resistirse!
propago la verdad sin estridencia
y observo a los estúpidos reírse

basados en su empírica indecencia
y vana pretensión de redimirse
mostrando la beldad de la existencia.

Soneto (10)

Mostrando la beldad de la existencia
el Ser que nos anima comparece,
tu seno de matriarca reverdece
y emula su esplendor con complacencia.

Paciendo entre tus ámbitos, la esencia,
disfruta la alegría que florece
al filo del dolor que la estremece
volcando su penar en la experiencia.

Bendigo la quietud en tus adentros
de musa enamorada que me inspira
un mundo de añorados reencuentros.

¡No importa el alboroto que conspira!
tu mimo aliviará los desencuentros
a aquel que en sus congéneres se mira.

Soneto (11)

A aquel que en sus congéneres se mira
la tierra lo recibe con orgullo
mostrando en la matriz de su capullo
la rosa rozagante que aún respira.

Euritmias de amador que de su lira
se expanden regalándonos su arrullo
burlando el esperpéntico barullo
del mártir retorciéndose en la pira.

Entona el ruiseñor su miserere
cautivo en su pináculo de ausencia
muriendo sin morir porque no muere.

Al aire encomendando su cadencia,
esconde su rapsodia donde fuere
y abraza la clausura con sapiencia.

 

Soneto (12)

Y abraza la clausura con sapiencia
velando en su cenobio tus virtudes,
bemoles de un concierto de laúdes
vibrando únicamente en su presencia.

Murmullo indescriptible de demencia,
atronan, sin piedad, las multitudes,
gritándole al albur sus inquietudes
¡lamentos ofuscados de impaciencia!

Al margen de este ímpetu obsesivo
la ascética mirada se retira
al seno de su edén contemplativo.

Vereda solitaria del que aspira
tu efluvio embalsamado y emotivo
ahíto de este mundo y su mentira

Soneto (13)

Ahíto de este mundo y su mentira
trasciende el enigmático portal
y huyendo de la encíclica del mal
se inmola en cada ímpetu que expira.

Moviéndose cual péndulo que gira
al son de inoportuno vendaval,
se escinde entre la cólera animal
y el céfiro sutil de quien lo inspira.

De espaldas al fatídico escenario
ardiendo en frenesíes de violencia,
desgrana su oración en solitario.

Se viste el eremita de indulgencia
al ver ese desfase innecesario…
al margen de su impúdica inconsciencia.

Soneto (14)

Al margen de su impúdica inconsciencia,
el vulgo, parodiando el albedrío,
prosigue su andadura hacia el vacío
poblado el corazón de indiferencia.

Acoge tus bondades con renuencia
clamando en insufrible desvarío:
¡A solas! ¡¡anatema!! ¡¡¡escalofrío!!!
¡Ni locos te conceden su presencia!

No entiendo el pundonor que los zahiere
si libo en tu amapola palpitante
el néctar de la paz que me ofreciere.

En ti disfrutaré de cada instante,
del beso de la luz que nunca muere…
¡votiva soledad del caminante!

Soneto Madre

Votiva soledad del caminante,
desnuda de quimeras enlatadas,
refugio de emociones desatadas,
eludes la locura circundante.

Conminas al saber cual hierofante,
firmeza y equidad por ti gestadas
embisten las diabólicas mesnadas
que pueblan la razón del ignorante.

La bruma del destino se retira
mostrando la beldad de la existencia
a aquel que en sus congéneres se mira

y abraza la clausura con sapiencia
ahíto de este mundo y su mentira,
al margen de su impúdica inconsciencia.

 

(Dedicada a Milita en el día de su cumpleaños)

© Rosa María Lorenzo Álvarez
(15/2/2015)

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Responses

  1. Excelente trabajo.
    Tan solo tengo una duda.
    Los sonetos: 2, 4 y 6, no siguen las reglas del soneto al repetir las mismas rimas en los tercetos.
    ¿No tendrían que ser de dos rimas?
    Saludos cordiales.

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  2. Gracias, Jose, por tu comentario y observación.
    Respecto a lo que me comentas de los sonetos 2, 4 y 6 tienes razón en cuanto a los sonetos sueltos. Debes tener presente que la corona de sonetos es en sí misma una estructura de sonetos encadenados y dado que éstos están supeditados a la rima del soneto 15 a veces coincide que se repite rima entre cuartetos y tercetos…
    Imagino que se podría mejorar la pulcritud y hacerlo perfecto pero mis capacidades no dieron para más… ¡¡¡Un mes me llevó completar este trabajo!!! jajaja y encima me empeñé en que todos fuesen versos “heroicos” es decir, riman todos en la 2, 6 y 10 sílabas. Para mí ha sido todo un reto y seguro que se puede mejorar. Mil gracias por hacerme ver este detalle. Un saludo.

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