Posteado por: Rosa | 19 abril, 2010

La Crisálida y la Mariposa

 

LA CRISÁLIDA Y LA MARIPOSA

 

        En un continente olvidado, entre las brumas del tiempo atrapado, en donde jamás se oculta el sol; existe un lugar de ensueño arropado en el silencio de su ignorada ubicación.

        Los seres que allí habitan conviven en perfecta armonía y genuina coalición, viviendo la vida serena de todo ser que alienta para embellecer la Creación.

        Árboles, plantas y flores nutren de vivos colores el entorno alrededor, donde cascadas rumorosas se deslizan sinuosas entre setos de verdor. Las juguetonas ardillas corretean cual chiquillas entre los almendros en flor, cuyas ramas frondosas se extienden cariñosas protegiéndolas del calor.

        Una grácil mariposa revoloteaba gozosa entre el paradisíaco explendor, cuyo vergel rebosante mostraba galante sus preciados dones al sol. De exuberante belleza sus delicadas flores rendíanle honores de perfumado amor, al astro dichoso que radiaba generoso tiñendo los días de suave arrebol.

        La mariposa, encantada, aquí y allá se posaba con juguetona ilusión, mientras un mirlo cantaba entre la tupida enramada de un viejo sauce llorón. Continuando en su vuelo de erráticos devaneos encontró en un sombreado rincón, a una ninfa hermosa que dormitaba perezosa sobre las tiernas hojas de una acacia en flor.

        La nubil mariposa acercose curiosa para observar de cerca el extraño fulgor que manaba incesante del capullo radiante de una tierna crisálida abandonada al sopor. Atrapada en el instante de este encuentro impactante la ociosa mariposa en su vuelo cesó. Y bajo un cielo radiante de luminiscencia vibrante a un ameno diálogo se entregaron las dos.

         – Háblame, hermosa crisálida, de tu vida, del devenir de tus días en este olvidado rincón; que yo te hablaré de mis vuelos  guiados por el interno anhelo de mi joven corazón.

        – Hija de  la vida me siento y desde su corazón presiento la perenne evolución, que guía a todas las criaturas pasadas, presentes y futuras que alientan bajo este sol.    Al amparo de un vientre sedoso yazgo en efervescente reposo de fértil transformación; sacudida por internas pulsiones que evocan en mi sensaciones desde este inerme sopor.

        – Acuso el pálpito constante del fluctuar apremiante que moviliza mi interior; conminándome a mudar la forma de esta apariencia tosca por un aspecto mejor.  Provengo como tu del mismo vientre donde se gestó la simiente de nuestro futuro explendor.  No soy más que tu pasado en el tiempo y rauda voy a tu encuentro como me dicta la evolución.

        – Prisionera en esta inclusa, me veo como una reclusa a quien la vida sentenció; mas mi supremo anhelo me llevará a remontar el vuelo con firme determinación.   En la metamorfosis silente de maduración consciente que acontece en mi interior, se van gestando mis alas con las que trascenderé las murallas de esta sombría prisión.

        – Y en algún amanecer, aún distante,  tras un batallar constante rasgaré el caparazón que me tiene constreñida en una forma de vida que limita mi expresión.   Me elevaré entonces del suelo con el emancipado vuelo de quien su cima coronó; alejándome al instante de esta estancia sofocante hacia una nueva dimensión.

        –  Háblame tu ahora, colorida mariposa, de tus luchas y zozobras en el confín de mi yo; de esa dimensión palpitante con resplandores de diamante que ejerce en mi tan poderosa atracción.

        –  Nací en este bello paraje portando como único equipaje mis alas y mi ilusión. Ambas son recios pilares que me transportan a los lugares que mi intuición diseñó.  Así comienza mi mañana con la alegría temprana de un despertar al amor, afanándome con premura a proseguir mi andadura por este mundo de color.

        –  Aquí y allá todo sorprende por la dádiva que se desprende, cual si fuera una oración, de la generosidad de la vida que nos nutre y nos guía a todos los seres sin distinción.  Por ello revoloteo gozosa dialogando con las rosas que me ofrecen su dulzor; y con las avecillas canoras se convierten en minutos las horas escuchando su canción.

        –  Percibo ya en la lejanía los aromas que me invitan a libar con fruición el dulce néctar que destilan las humildes florecillas que hacen de su vida un don. Mi vida es corta pero intensa; desconozco la tristeza y el hierático amargor de los aherrojados anhelos por los vanos deseos del feroz desamor.

        –  Y cuando para mi suene la hora de abandonar sin demora mi actual ensoñación, me dispondré con bravura a una nueva singladura de la mano del amor.

        Es esta una hermosa historia engalanada en la gloria del futuro esplendor que alienta en todos los seres de todas las especies que conforman la creación.

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