Posteado por: Rosa | 29 marzo, 2010

Nitor, el grano de arena

NITOR, EL GRANO DE ARENA

           Allá en zonas remotas y lejanas tierras donde no se conocen el mar y la hierba, donde el sol centellea y la luna se refleja en un dorado espejo de dunas de arena. Entre interminables montes de rutilantes crestas donde el poderoso siroco silva y revolotea, ha nacido Nitor,  un grano de arena.

        A diferencia de sus hermanos, era Nitor delicado como un lirio, frágil como la azuzena, de carácter alegre  y sonrisa perpetua. Era amoroso y valiente, y su inquebrantable paciencia, hacía que las disputas, ora tibias ora cruentas, se evaporasen raudas en el suave céfiro de la tregua.

         Mas un aciago día, recordado con tristeza, en que el simún del desierto  hizo sentir su rugido con tremebunda fuerza, llevose a Nitor por el aire  de tan delicado que era. alejándolo presuroso de toda su gente y su tierra hacia desconocidos lugares  allende sus sinuosas fronteras.

        Cuando por fín aterriza en medio de gran polvareda, se ve pronto rodeado por multitud de granos de arena. Se levanta muy contento, los saluda, se presenta, pero se encuentra que es rechazado, y entristecido, se aleja.

        – ¿ por qué soy rechazado?  –se pregunta-  ¿ será mi inusual apariencia?, pues yo los veo como a iguales, como a hermanos de otras tierras; el esplendoroso sol que alumbra las doradas arenas de esta aldea, es el mismo sol que refulge sobre las dunas de mi tierra.  – ¿ Entonces qué sentido tiene este rechazo que hiela y deja mi corazón herido y atravesado por la pena?.

        – Un solitario grano de arena no es nada, es la unión la que le da su fuerza y belleza. – en estas cavilaciones estaba y postrado, yacía en la arena. –

        Un anciano grano de arena, al verlo tan entristecido, sumido en tan profunda pena, acércase a Nitor solícito hablándole  de esta manera:

        – seca tus lágrimas pequeño, que no es el llanto tu emblema, pues eres de tu vida el artífice y dueño absoluto de tu hacienda.  – ¿ Por qué pues desperdicias tu tiempo entre torpes lamentos e inútiles quejas?. – ¿ Que la ignorancia te agota?, ¡ afróntala! – ¿ que la debilidad te arredra?, ¡ supérala! .

        – Pero, ¿ qué puedo hacer yo si los demás me desprecian?, me ven como a un extraño y no me tienen en cuenta; tan solo deseo irme a casa con los que me aman y esperan.

        – ¿ Por qué te rindes tan fácilmente ante la primera barrera? pues el tesón ha de ser tu escudo y la verdad tu bandera; – ¿ por qué no te acercas a ellos y se lo demuestras?.

        – ¿ Cómo podré hacerme oir por encima de su inconsciencia?, ¿ acaso van  a atravesar mis palabras sus pétreas  fortalezas hechas de pueriles conocimientos y enardecidas contiendas?.

        – No desprecies el poder de las palabras cuando la verdad las alienta, que corta de cuajo la infantil quimera.

        – Sabias son tus palabras, venerable anciano, y han caido en mi ánimo cual lluvia fresca, pues el miedo me agarrotaba, me había convertido en su presa, pero la luz que me transmite tu augusta presencia, ha abortado los planes de su sombra siniestra.

         Y levántase Nitor presuroso, con paso firme se acerca a la aldea, y le habla a sus gentes con palabras sinceras de la existencia de otros lugares, de otras gentes, de otras tierras, que viven siempre conscientes de su propia existencia; que se aman, respetan y comparten la tierra, respetando los derechos de otros granos de arena.

         Todos le escuchaban absortos sin pronunciar una queja, y cuando hubo terminado de contar su experiencia, un profundo clamor recorrió toda la aldea.  El nombre de Nitor  resonaba victorioso entre las gentes enardecidas por sus palabras certeras; y los ojos se abrieron, despertaron las conciencias, y ya nada volvió a ser igual entre las gentes de esta aldea.

         Y en el transcurrir del tiempo en que las generaciones se renuevan, se han contado mil historias de un hermoso grano de arena que después de hablarle a las gentes en un glorioso día que todavía se recuerda, desapareció de su vista envuelto en una luz inmensa; y desde ese momento refulge en el cielo de la aldea, una joven, hermosa  y rutilante estrella.

 

 

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Responses

  1. hermosa fábula gran imaginación la tuya

    • Gracias, tú que lo sabes apreciar.


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