Posteado por: Rosa | 29 marzo, 2010

Los Hijos

” Educa a tus hijos y deja que los maestros los instruyan.”
                                                             (Roger Patrón Luján)
 
 
 

        Esta frase, que parece de perogrullo, pues deber es de los padres el educar e instruir el de los maestros, parece que está bien manida hoy en día, ya que gran cantidad de progenitores envían a sus asilvestrados vástagos a aprender modales en las aulas, echando así “balones fuera” desentendiéndose de su natural deber. Con lo que los profesores se ven en la difícil tesitura de educar, además de instruir, a esos implacables tiranos en que se convierten  algunos de nuestros niños.

        La labor de un maestro (hoy los llamamos profesores) es instruir a los pequeños en las diferentes materias, que para eso han sido concebidas las aulas, a la par que complementar la labor educativa de los padres.

        Una cosa es instruir y otra bien distinta, educar. La verdadera educación, pienso yo, parte del ejemplo que dan los mayores con su conducta en el día a día, en casa y en el exterior. Los pequeños, ya desde la cuna, observan y perciben el “tonus conductual” del hogar; sobre todo el de sus progenitores, máximos exponentes del mismo, y el del resto de los allegados familiares. Los niños tienden a imitar lo que ven, lo que oyen, lo que perciben.

        Por ello, algunos de ellos aterrizan en las aulas con una educación bastante deficiente y difusa. El profesor se verá forzado primero a atemperar el carácter de las díscolas “fierecillas”, para que aprendan a respetarse unos a otros,  a no imponer su voluntad a gritos; a convivir en una palabra, y seguidamente retomar su instrucción.

      Y más ahora en nuestros días en donde la gama de culturas es más amplia, que aunque esto contribuye a enriquecernos, también complica un poco la labor del profesor.

        Y por si esto no fuera suficiente, algunos padres se vuelven en contra de los educadores ( que también se les denomina así, aunque esa no es su función, en todo caso co-educadores) cuando sus hijos fracasan en la escuela.

        Lo que se logra con esta actitud, es confundir más, si cabe, a los niños; en donde los más astutos aprenden a sacar “tajada” de la situación, en detrimento de su preparación a la vida, enfrentando a padres y profesores en su infantil inconsciencia. Muy disculpable en el caso de los infantes, pero para nada en el caso de los adultos, que más parece que les interesa únicamente tener la razón en el ring dialéctico ( Desgraciadamente, a veces es más que dialéctico) con el profesor, que el bienestar y la formación de los propios niños.  Para que el día que tengan que desplegar sus alas ensayando su primer vuelo ante una sociedad cada vez más hostil, se encuentren que las tienen tronzadas o poco templadas para acometer la importante  singladura hacia la madurez.

        Si no procuramos darle una buena educación y preparación a los niños hoy, ¿ qué será de los hombres del mañana?, ¿ qué será de nuestra sociedad?.

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