Posteado por: Rosa | 29 marzo, 2010

La Verdad

” La verdad es un ácido corrosivo que salpica, casi siempre, a quién la maneja”
                                                            (Santiago Ramón y Cajal)
 

        Siempre me ha gustado esta cita. Encierra en sí misma una gran verdad. Me siento además muy identificada con ella.

               Suele suceder, que las personas auténticas, las que van, o intentan ir, siempre con la verdad por delante, no son especialmente muy populares entre sus semejantes.

        A  la generalidad de los seres humanos, nos gusta engañarnos a nosotros mismos, aparentar que somos lo que no somos, o alardear de conquistas y hazañas…  ” no conquistadas”.

         Lo verdaderamente doloroso es que la gran mayoría de las personas prefieren permanecer en la ignorancia de sí mismas únicamente por comodidad, por no molestarse en aprender y modificar determinados aspectos de su vida, y así seguir tropezando en la misma piedra , un muro en algunos casos, una y otra vez.

         Por eso, cuando aparece en nuestras vidas alguien, que esgrimiendo certezas, sacude los cimientos de la fortaleza tras la cual nos parapetamos, haciéndonos ver nuestro error y la inminente necesidad del cambio, nos revolvemos cual sierpe ( o como el ácido corrosivo agrediendo la carne)  y atacamos a aquel que osa ” ver más allá ” y sacarnos de nuestro plácido nido.

           En el mejor de los casos,  ese ” atrevimiento ” es condenado con el ostracismo; en el peor… con la muerte. De estos casos la historia está bien repleta. ( Por desgracia)

         Por ello, La Diosa Verdad, ha sido exiliada de este ” arrabal de Ciegos ” en que hemos convertido al planeta; que huyen de la luz cual cucarachas a ocultarse en los rincones de su constreñida mente.

        La Verdad, es una bellísima dama que siempre se presenta desnuda en su real hermosura, plena de pureza y majestad. Desnuda de la hipocresía, afectación y gazmoñería insulsa  de los que no quieren ver mas allá de sus narices porque les estorba la diáfana claridad que ella, la verdad, esgrime.

         Por eso pienso que lo que Cajal  insinúa en esta cita, es total y absolutamente cierto.  Bien sabía lo que decía…

¡ Probablemente lo haya sufrido en propia carne! (Meu pobre…)   

  

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