Posteado por: Rosa | 26 marzo, 2010

El Faro y el Navío

 

EL FARO Y EL NAVÍO

 

         Bajo un cielo azul plomizo, allende el horizonte nebuloso, existe una costa sombría azotada por un mar tempestuoso.

        Un encumbrado faro, elévase majestuoso orientando a los navíos perdidos en un mar insidioso. Peñascosos roquedales lo circundan vanidosos, compitiendo por su grandeza de magnánimo arrojo. Su luz redime las sombras, lacayas de todo escollo, en el mar de la existencia desbocado y proceloso.

        Impertérrito en su cumbre, sus ojos lo atisban todo iluminando un entorno abrupto y peligroso. Afrontando impasible, austero y riguroso, los uracanados vientos de tronar quejumbroso.  De los maltrechos navíos va mostrando los despojos por aventurarse ciegos al desfiladero engañoso.

        Mas quiso un día el destino, indolente y caprichoso, que un imponente navío acercárase, curioso,  a esta costa inclemente perdida en medio de todo.

        El faro de mirada ardiente con interés observolo acercarse al arrecife despiadado y tenebroso. Sus destellos ahuyentaban la lobreguez del entorno ayudando al intrépido navío a sortear los escollos.

        – Mástil de soledad, yo te observo, de tu indulgencia, celoso, iluminar mi camino con tu fulgor generoso. – El truculento destino y su devenir azaroso, orientáronme a estos lares y heme aquí perdido y solo.  – ¿ Dónde es que me encuentro?; ¿ qué mar es este en el que bogo?; ¿ querrías asesorarme tú que lo oteas todo?.

        – Te hallas ante costa baldía dejada y olvidada de todos parapetada entre  roquedos altivos enfrentados a un océano sin fondo.   – Huracanes terribles la flagelan,  acérrimos enemigos de lo hermoso poblada por umbrías extensiones debotas de lo obscuro y de lo ignoto.

        – Has de ser muy prudente y comedido, de los cantos de sirena, receloso, aventúrate con cautela en estas aguas en las que anida un ser fiero y monstruoso.

        – ¡ Gracias te doy, faro amigo!, por tu consejo sabio y provechoso tanto tiempo asomado al horizonte hizo de tí un maestro noble y docto.   – ¿ Cómo es que resistes tu estadía ante este ambiente triste y ruinoso, sin nada en que basar tus alegrías, soportando alrededor vacuos despojos?.

        – Mi cometido es alumbrarles el camino a los navíos aguerridos, valerosos;  mi ventura es abogar por su existencia ante este mar terrible y tortuoso.  – Mas son escasos los navíos que se atreven a aventurarse en estos mares ponzoñosos pues han  de traer las jarcias bien templadas y las cuadernas resistentes cual colosos.

        – Los que se dejan doblegar por la anarquía y se jactan de sí mismos, pretenciosos, perecerán destrozados sin defensas al pie del acantilado pavoroso.  – Y acabarán  exhumando sus miserias por entre sus sepulcros cenagosos mostrando a los incautos navíos su ineludible final desastroso.

        – No quisiera terminar de esa manera, pues deseo para mí destino honroso; sin arrogancia lucharé en la contienda y de ella emergeré bizarro y airoso.  – Llevaré izada la bandera al alejarme de estos mares licenciosos, tu esplendor guiará mi singladura hasta llegar a mi tierra victorioso.

  

 

 

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